Gran Turismo

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Para vivir en esta ciudad y supongo que en cualquier sitio fuera de nuestra (cada vez menos) confortable Europa, qué coño, del roalico o terruño, es imprescindible hacer un canutillo con nuestra mentalidad eurocéntrica y metérselo por el ojete. ¿Por qué? Muy sencillo:

1. Porque aunque saquemos a pasear nuestros euros con altivez y podamos permitirnos ciertos lujos asiáticos (tampoco muchos, que los ricos aquí son asquerosamente ricos), en el sitio de donde vengo sigo siendo una pringailla, mi dinero vale un coprolito y menos que va a valer. Además, imaginad la cara de gilipollas que se me puede quedar cuando vuelva a España y me quede esperando a que me aparquen el coche. Qué bochorno.

2. España, la gloriosa y antaño metrópoli, está en crisis (notición) y mucha gente está llegando a México como durante la Guerra Civil, en busca un futuro mejor. Las leyes migratorias en este país son las que son: protegen a sus trabajadores. En la frontera te preguntan hasta por la talla de pinrel y si te ven paradilla si tus padres son hermanos. Son selectos.

3. La diferente eres tú. Más o menos como un chino en Albacete. Imposible pasar desapercibida.

Explicado esto, os pregunto: ¿os habéis sentido alguna vez como si estuvieseis dentro de un videojuego de carreras? A lo mejor algun@ dice que montad@ en el coche conmigo. JA. Os quiero yo ver dentro de en un taxi o en un pesero (microbús).

Empiezo por los peseros, que son tó cachondos. Lo mejor, el precio, pagas en función de los km que vayas a hacer y muy rara vez más de 6 pesos. Unos 30 céntimos. La cosa empieza a gustar menos cuando te cuentan (y compruebas), que son servicios privados y que el conductor obtiene una ganancia extra haciendo carreras por el DF. Sí querid@s, CARRERAS.

Claro, si gran parte de su paga va en función del tiempo que logra marcar en cada trayecto en plan el nerd de Vettel, pues os podéis imaginar que el carro va tuneado hasta las cejas. Empezando por un súper crucifijo que suelen llevar en el espejo retrovisor (como el de casa de mi abuela más o menos), adornado con miles de rosarios de colores; y siguiendo por la musiquilla que cuando te sientas (si tienes la suerte), te hace vibrar todo, todo y todo. Un gustazo. Sin olvidarnos del motor. Cuántas veces hemos visto pasar un cani con su coche platillo espacial y hemos dicho, pero qué gilipollas. Pues eso.

Lo que más mola es cuando se sube un chamaquito en marcha a informarle al piloto (porque son pilotos, no chóferes), del tiempo que lleva de ventaja (o Mourinho no lo quiera) de desventaja con su oponente. En tal caso, mejor que vayas sentada, y si no, agárrate fuerte.

El otro día, sin ir más lejos, viví una emocionantísima carrera entre dos peseros. Yo iba en el de la derecha. Os juro que recé al cristaco del retrovisor porque perdiéramos. Con lo que me gusta perder (y rezar). A todo esto, de vez en cuando la gente sube y baja del aparato, pero con las prisas, ambas cosas se tienen que hacer prácticamente en marcha. Son geniales.

Sinceridad ante todo

Sinceridad ante todo

We are the champions

We are the champions

Los taxis también tienen su gracia.Tienes que ir a buscarlos a un “sitio seguro” (así lo llaman), y decir a dónde vas. Son baratunos, pero procura no poner cara de susto ni hacer entender que tienes prisa si no quieres tener una experiencia que ríete tú de la Wii. Mariconadas.

Eso nos pasó la semana pasada, de camino al conciertaco-homenaje a los 40 años del golpe de Estado en Chile. Era hora punta, y cometimos la locura de decirle al conductor que íbamos con la hora ajustada. ERROOOOOOR. Yo iba en el asiento del centro, por supuesto sin cinturón, y clavándome el asiento del conductor (tienen la jodida manía de ponerlos casi tumbados). Atravesamos Insurgentes a toda hostia, cruzando sus cuatro carriles en diagonal una y otra vez. El intermitente pa qué.

El cabrón del conductor miraba por el retrovisor y estoy segura de que pensaba: se va a cagar la gachupina. Cuanta más cara de susto ponía, más le pisaba. Los carteles de “Maneje con cuidado” (qué ironía) iban pasando a la velocidad de la luz y a mí solamente me faltaba esperar que atropelláramos a una vieja y nos dieran una vida extra. Por supuesto, como las distancias son tan jodidamente inmensas, fue un trayecto de más de media hora así, esta vez sin rezar, me voy emancipando.

En el taxi

En el taxi

En fin, que hay cientos de carteles sobre qué hacer en caso de “Sismo”, pero nadie te dice cómo actuar en uno de estos carros, así que mejor relajarse y tomar nota.

Conserve la calma dice el tío

Conserve la calma dice el tío

Se me olvidaba: hay carril bici y gente con cojones para recorrer el caos a dos ruedas.

Siguiendo mi relato sobre el transporte público mexicano, os cuento que el metro es un universo paralelo. Tiene una estructura rarísima, porque la ciudad es mitad volcánica mitad lacustre (no lo dicen pero estoy segura de que aquí se rodó En busca del Valle Encantado) y no pueden perforar a su antojo. Potencialmente lo pueden tomar (coger no, marran@s), unos 26.000.000 de personas, así que se comprende su precio (3 pesos) y que haya vagones separados para hombres y mujeres. Eso y que esté empapelado con personas desaparecidas, unas risas.

De él me llama la atención muchas cosas. Por ejemplo, como hay mucha gente que no sabe leer, los carteles con el nombre de las paradas están rotulados con letras, pero también con símbolos. Mi preferida, cómo no, es la de Zapata.

Mola

Mola

A pesar de las aglomeraciones, no huele a chotuno. Un saludo desde aquí a nuestros amigos parisinos, que aunque ricos, son marranetes como ellos solos. La mayoría de los mexicanos son pobres pero aseados. Y leídos, muy leídos. Es increíble lo que lee la gente en este país. Hay muchísimas tiendas de libros. Pero muchas, muchas, una en cada esquina prácticamente. Y leer leen las personas de todos los estratos sociales, en el metro especialmente.

Os podéis hacer una idea de con lo que cuesta el billete el perfil socioeconómico de las personas que lo usan. Es fascinante ver cómo entran vendedores vendiendo todo tipo de artilugios, incluyendo grandes clásicos de la literatura universal y libros de problemas aritméticos para niños. Éstos el informe PISA lo petaban seguro.

También se ve gente pobrísima leyendo La Biblia y entonces ya mis reflexiones van por otro lado. [Atención, spoilers]. Dónde van a encontrar un consuelo y una explicación a su situación si no en ella. Está todo bien pensao: la vida es un valle de lágrimas y si yo no como y hay gente que tiene cuatro coches pues algo habré hecho. Genial. En este tipo de sociedades, donde las diferencias sociales son tan abismales, esta clase de planteamientos cobran aún más sentido que en España.

Dejo el mitin y sigo. El otro día vi un cartel en una tienda de comestibles del metro que decía lo siguiente: chochos, gelatina y jugos. Tal cual. Ya en el vagón, entró un tipo vendiendo guantes antiderrapantes y me sacó de la duda.

El metro ligero. El sábado nos montamos camino del Estadio Azteca (ou yeah) en uno de ellos. Iba hasta la bandera, tanto, tanto, que una señora se me agarró del brazo. “Enhebra, prenda”, pensé. Y fuimos las dos juntitas hasta el destino. Muy tierno.

En el vagón, lleno de hinchas del América, la gente iba haciendo bromas sobre un posible accidente diciendo que si en España había habido un descarrilamiento (por lo de Santiago), pues que nos podíamos preparar para lo que podía pasar en México con tanta gente metida en el mismo sitio y dando las curvas a toda hostia.

Mi colegui y yo en el metro ligero

Mi colegui y yo en el metro ligero

Hay que ver lo engañadicos que los tenemos a los pobres con que España es la cuna de la civilización, siendo como es, una pandereta gigante.

[Papá, mamá, brother, Gorda, India, Kafka, si leéis esto tened en cuenta que es una dramatización. No más para darle emoción al asunto, nada que ver con la realidad].

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  1. “Dónde van a encontrar un consuelo y una explicación a su situación si no en ella. Está todo bien pensao: la vida es un valle de lágrimas y si yo no como y hay gente que tiene cuatro coches pues algo habré hecho. Genial. En este tipo de sociedades, donde las diferencias sociales son tan abismales, esta clase de planteamientos cobran aún más sentido que en España.”

    Tengo curiosidad por saber si la Iglesia de base mexicana tiene algo de peso en determinados contextos y si pervive la influencia de la Teología de la Liberación (uno de sus hitos fue la Conferencia de Puebla).

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