Caramel

Estándar

Enfrentarse al folio en blanco, el terror de todo aquel que quiera o tenga que escribir algo. Pensé que solamente me pasaba con la tesis, pero resulta que también me pasa con el blog.

Empiezo por my mexican family y voy hilando ideas, a ver qué sale.

Cuando aterricé pude disfrutar de la hospitalidad y la generosidad infinitas de Jorge, un amigo común con mi buena amiga Rosa, de Pamplona, al que conocí en Santander allá por 2008 cuando fui a hacer un curso de inglés a la UIMP y que está aquí de Posdoc. En la Embajada de la República española en México estuve dos semanas, lo justo para aterrizar y darme cuenta de dónde estaba, hasta que empecé a tomar nota de los anuncios colocados en el tablón de anuncios del condominio: “Se renta recámara, todos los servicios”.

Tras contactar con una señora que era la loca de los gatos de los Simpsons, (no os parecíais, Koffler, estate tranquila pero no te confíes) y que me enseñó un zulo del que Ortega Lara habría sentido nostalgia, visité la casa en la que vivo ahora. Es un matrimonio joven que tiene dos hijas adolescentes, una pecera en la que nada Nemo y una Biblia fea de grande (allí consulté lo de los chorizos verdes y nada). Él trabaja de sol a sol como contable y se da un aire el pobre al insigne Caramel; ella creo que regenta una tienda de ropa. Las niñas aún no sabría deciros si les salieron antes las tetas o los dientes, cuando sepa algo os comento.

Tiene pelazo

Tiene pelazo

La convivencia con ellos es buena, los veo poco, pero son muy cordiales. Paso un poco de fatiguita a la hora de ir al baño, sobre todo después de haber comido picante, pero vamos, nada fuera de lo normal. Aparte de la Biblia que me tiene hipnotizada y del crucifijo rústico que tengo en mi cuarto y del cual no me cabe ninguna duda de que me protege como nos protege el hombre de Vitruvio con la chorra al aire que #miesposoculé y yo tenemos en nuestro cuarto, lo que realmente me fascina de la casa es la cocina. Es pequeñita, pequeñita, lo justo para que haya dos personas y se estorben a todo poder. Sin embargo, se apañan para tener cientos de utensilios cuidadosamente ordenados y decenas de botes de picante que evito como si fueran minas antipersona.

[Debo confesaros que cuando entré en ella por primera vez y reparé en que en la repisa de arriba de los muebles había una hilera de ollas envueltas en bolsas negras pensé en Dexter y también me pareció tener a mi casero mirándome el hígado con ojos golosones].

El otro día coincidí con la hija pequeña en la cocina, Jaqueline. Estaba haciendo quesadillas… a las 9 de la mañana. Yo estaba fregando mi cafetera italiana (mi tesorooooo) y para entablar conversación con ella, algo en lo que a todas luces soy un hacha, le pregunté si conocía a Pablo Alborán. Ole mi coño. Semejante estupidez tiene su explicación: días atrás le oí escuchando a Álex Ubago, así que como vi que le gustaba el género suicidiopop, pues me lancé al ruedo. Efectivamente, lo conocía. De dar conversación Mou me libre, pero de psicología adolescente voy servida. No se le pueden pedir peras al olmo, y más si el olmo es tan sieso como yo. Me ofreció amablemente una de sus quesadillas, pero a esas horas no puedo comer tan fuerte.

También he conocido al abuelito. La semana pasada me armé de valor y salí a comprar mi garrafa de 10 litros de agua. En la puerta me encontré con Don Manuel Franco, el padre de Caramel. No he leído nunca nada acerca del colmex de una historiadora de la contemporaneidad española especialista en la lucha antifranquista, pero no me extrañaría que estuviera relacionado con tener un landlord que se apellida Franco.

El señor era adorable, me estuvo contando un montón de cosas de su país y de sus vivencias. A éste ya no le pregunté por Pablo Alborán. Es lo que tienen las personas mayores, que hablan por los codos. Todas menos mi abuela, claro, que de algún lado he tenido que salir yo. Cuando volví echando el hígado digo contando glóbulos rojos y cargada con mis 10 litros de agua, estaba en la casa toda la familia. Después de saludarlos uno a uno creo que sin cambiar el tono del color de mis mejillas (mi cuñada es experta en detectarlo), me metí en mi cuarto y disfruté de la fiesta detrás de la puerta, Mañanitas del Rey David incluidas.

Una cosa que mola de México es que cuando algún nativo me pregunta de dónde soy, puedo decirle que de Granada sin tener que explicar quebuenonacíenPamplonaperollevoya14añosenGranaasíquecomosifueradeallí. Aunque nadie te libra de conocer en esta ciudad perspicaces españoles que no pueden evitar hacer la preguntita de los cojones. Qué cruz.

Ah, y tengo por vecino un perro asmático. Pobrecito, cada vez que lo oigo me falta un pelo para somatizar y ponerme yo también en situación. Creo que algún día bajaré a ofrecerle un chute. Mano de santo.

Pon los morritos asín que viene el Ventolín

Pon los morritos asín que viene el Ventolín

De los saraos a los que he ido os cuento que he tenido el tremendo privilegio de ver un homenaje a Allende, Neruda y Víctor Jara en el que el grupo estrella era Quilapayún. Sin embargo, la canción que más me impactó fue ésta, de Gabino Palomares:

Es muy impresionante comprobar en primera persona la solidaridad que existe entre los pueblos de Amércia Latina, algo que en Europa directamente no lo hay. Nos creemos el centro del universo, el meollo del pollo, el lugar en el que Marx predijo que se iniciaría la revolución proletaria, cuando aquí hace décadas que empezaron la suya propia mientras nosotros seguimos sentados en el sofá dejando que nos pisen.

Viva Chile

Viva Chile

Por supuesto, lo que publica el Diario Independiente de la Mañana sobre lo que sucede en esta parte del mundo y con el cual me limpiaré el culo cuando me falte el papel higiénico si algún día voy a Venezuela, es mentira. Y además de ser mentira, es golpista. ¿Qué va a decir un periódico cuyos máximos accionistas y benefactores son muchas de las empresas, bancos y grupos de comunicación que están siendo expropiados y puteados por los gobiernos soberanos de este lado del Atlántico?

¡Sorprisa!

¡SorPRISA!

Ver un partido en el Estadio Azteca es un privilegio que para las enfermas del fútbol como yo no se puede describir. Además, pudimos presenciar un América-Chivas, el superclásico mexicano, por 400 pesos, 23 euros. El América es como el Mandril en España, el que más titulos tiene, el más envidiado y el más odiado, por supuesto. El Chivas tiene por mascota una cabra, así que está todo dicho. Equivalen al Farça, pero en espíritu son atléticos. Fijaros si es un Barça wannabe que contrataron los servicios de uno de los gurús del tikitaka, Johan Cruyff, con maravillosos resultados. (http://www.informador.com.mx/deportes/2013/486361/6/jorge-vergara-habla-de-sus-errores-cruyff-uno-de-ellos.htm)

Tito Floren, ya estás tardando

Tito Floren, ya estás tardando

La cabra de la legión, pluriempleada

La cabra de la legión, pluriempleada

Pedimos unas entradas en zona tranquila, lejos de ultras de uno y otro equipo y nuestros deseos fueron órdenes: debajo de los ultras de Chivas. Entramos por la misma puerta que ellos y por supuesto iban haciendo amigos, descamisados y luciendo tatuajes del equipo de sus amores, animalicos. (Acojono es poco).

Cú-cú

Cú-cú

Por suerte, pronto estábamos dentro: LA POLLA.

Se ve a Maradona

Se ve a Maradona

Nasíos pa matah

Nasíos pa matah

Del partido no os cuento nada pues no juegan un pimiento, me quedo con el ambiente. Los goles tardaron en llegar, pero os aseguro que el estadio vibra, literalmente. También es un espectáculo ver a los vendedores repartir todo tipo de comida, subiendo y bajando por las empinadas escaleras de este coloso del fútbol mundial. No sé cómo no se parten la crisma.

La chela o la vida

La chela o la vida

Otra cosa que me dejó picuet fue la cantidad de camisetas del Chivas que se veían en las gradas. Vete al Sadar, a Riazor, a San Mamés, a Mestalla o al Nou Camp con la camiseta del Madrid, a ver cómo sales. Eso si no te obligan a quitártela. Viva la tolerancia.

Mama joe, que soy mandril

Mama joe, que soy mandril

Cuando terminó el partido los del atleti de espíritu nos regaron en cerveza, así que salimos tan deprisa como pudimos, fuera a ser que se pusieran a repartir amor y nos pillara en medio.

Pechá gente compae

Pechá gente compae

Me parece que me he pasado de caracteres con espacios para este paper, otro día más.

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