De excursión, a la UNAM

Estándar

La Universidad Nacional Autónoma de México es un monstruo de dimensiones absolutamente brutales, y no sólo institucionalmente, sino también espacialmente. Su campus principal (cuenta con otros muchos desperdigados por el DF) tiene unos 7 kilómetros de punta a punta. Un paseico, vamos. Está atravesado por la Avenida Insurgentes, una de las calles más largas del mundo. Dentro del recinto universitario hay cines, teatros, hospitales, parque de bomberos, alberca olímpica… y cómo no, el impresionante Estadio Olímpico Universitario (México’68) que hoy en día se utiliza para competiciones de atletismo y es sede del equipo de Los Pumas.

En una corEn una corrida estás en la otra punta

En una corrida estás en la otra punta

Biblioteca central

Biblioteca central

Estadio Olímpico

Estadio Olímpico

Black powah

Black powah

[Por cierto, el costo de la matrícula en cualquiera de las carreras que oferta es simbólico y se encuentra entre las 100 mejores del mundo. Está claro que vamos por buen camino, Wert].

Tenía que ir a la Hemeroteca Nacional, así que me informé de cómo llegar. Primero en metro hasta parada Universidad y luego agarrar el Pumabus (toma nombre chingón) que es gratis y comunica las diferentes facultades y centros de investigación del campus. 10 líneas nada más y nada menos, (¿Granada cuántas tiene, 15?). Una vez dentro del Pumabus he podido comprobar en mis propias carnes lo absolutamente machista que es este país (eso o que me han visto carita de Messi). Me explico: casi llegando a mi destino (en realidad no tenía ni zorra de cuándo bajarme y pa qué preguntar, pa qué), se ha quedado un asiento vacío. Como pensaba que ya estaba próxima mi parada (según el mapa mental que me había hecho), me he ido acercando a la puerta para poder descender sin atropellar a nadie, pasando por delante del asiento en el que justo en el instante que yo pasaba se ha sentado un señor. Mare meva, he sido responsable de la mayor falta de caballerosidad en la vida de este hombre. “Perdone señorita, no la había visto, perdone”. (bis). Qué drama, qué carica pocha, qué mal. Total, que el pobre macho mexicano ha ido fustigándose hasta que ha llegado mi parada, que casualmente, era también la suya. Con una maniobra imposible se las ha apañado para bajarse antes que yo y esperarme al pie de las escaleras ¡¡¡¡PARA DARME LA MANO Y AYUDARME A BAJAR!!!! Yo no sabía si dar las gracias, reírme o llorar, de verdad. Y eso que (aún) estoy joven y lozana, que si llego a ser una vieja pelleja se inmola allí mismo. A lo mejor me ha visto paradilla. Qué le vamos a hacer.

Esto está chupao

Esto está chupao

Está padrísimo

Está padrísimo

La excursión me ha recordado a la primera vez que fui al jodido AGA a finales de 2008, cámara de tortura de jóvenes historiadores de la contemporaneidad. Qué susto madre. O la estancia que hice en Madrid en marzo de 2009 quedándome en la Casa de Velázquez. Un sitio tan bonito, tan evocador, tan a tomar por culo…

El edificio de la hemeroteca es una pasada y el personal que atiende, como todo el mundo aquí, amabilísimo. No como l@s pendej@s de seguridad de la Biblioteca Nacional de Madrid, que el primer día que fui con la arpía mediana me dijeron que iba a hacer falta que me llevaran de la mano. Mal mapa os roben (otra vez).

Me he librado de ver el periódico microfilmado (otra torturica güena) porque no lo iba a fotocopiar, así que he estado consultando El Nacional del año 1934 coincidiendo con el inicio de la presidencia del presidente Lázaro Cárdenas. Sé de uno que habría disfrutado como un enano y al que habría que haber sacado de allí a tirones. De hecho, a estas horas de la noche seguro que seguiría allí.

De vez en cuando, esta ¿profesión? tiene sus cosas buenas. Ir a México (gracias Emilio), acudir a la hemeroteca nacional, encontrar textos como éste:

El salario mínimo

Como resabios de la Colonia, como un lastre que no había podido sacudirse la Revolución, subsistía entre nosotros un sistema de salarios que casi nos emparejaba con el feudalismo. No obstante las prédicas del movimiento antiporfirista, parecía invencible en México la vieja organización que no le daba al indio la menor oportunidad, que cerraba sus posibilidades humanas, confinándolo a un sótano obligado de atraso y miseria en el pomposo edificio de la República.

La herencia de los encomenderos es una carga que sólo poco a poco ha podido burlarse. Desde el gran reparto a raíz de la conquista, en que su jefe, con la prodigalidad común entre quienes disponen de lo ajeno, dividió en predios arbitrarios las tierras sojuzgadas, fue el indio una raza mísera que solamente servía para buscar el oro o cultivar las peores tierras, dando a los Carlos y a los Felipes la ocasión de que pudieran inscribir en la melena de los leones castellanos, la orgullosa leyenda de un imperio sin ocaso.

La sombra de los primeros latifundistas se alza en los sedimentos de nuestra historia mestiza, amenazante y llena de resonancias. Parecen arrancar de ella varios de nuestros modos actuales de ser o pensar; es un camino del que parten otros cuyo total nos dibuja y marca como mexicanos. Mas la mayoría de tales signos, justamente por la explotación que ejercían los favoritos del conquistador, resultan turbios o amargos. La vieja servidumbre que bordó los mantos de Ilhuicamina o Ahitzol, sólo sentía el cambio del látigo, de la mano indígena a la mano extranjera. El indio bajo los dos señoríos, el de sus propios reyes y el de Cortés, ha sido carne de las Pirámides o de los grandes templos católicos. Su salario siempre fue ruin y su miseria digna de una página rusa. La Independencia trajo un calmante a las furias de los amos; la Inquisición, aunque terminó antes, se había alimentado hasta entonces con judíos y mestizos, que constituían el grupo humano proscrito de moda. El siglo de pueblo libre no trajo una reforma medular en la vida aborigen, que siguió cavando surcos como hace mil años, viviendo en habitaciones de materiales deleznables; apenas separados de los animales por el leve fulgor del ojo azteca, triste y comprensivo.

Después el agrarismo fue una defensa real y un verdadero cambio en la entraña de la sociedad nuestra. Pero los poseídos se defendieron con armas múltiples y poderosas y el indio continuó siendo una forma más de la naturaleza aprovechable para sus apetitos.

El salario mínimo trata de mejorar la situación de los trabajadores en general, quizá más de los trabajadores del campo. En las ciudades se defienden los obreros fácilmente. Las ideas que flotan en el aire penetran a su pesar en la sangre de las clases trabajadoras. Pero en el campo, que deja de ser lo hermoso que quieren los bucólicos, lo hospitalario que proclaman las églogas del siglo XVIII, escritas por Juan Jacobo, tienen menos medios de oponer una resistencia a la ciega ocupación de los patronos. Los discursos, diluidos en la extensión de las llanuras sin dejar simiente, no suenan en la amplitud de las cordilleras.

Ahora, como un maná que inconscientemente esperaban todos los que laboran en nuestro territorio, se ha implantado el salario mínimo que viene a modelar momentáneamente la vida de la inmensa masa proletaria. El problema está quizá en la vigilancia del cumplimiento de este acuerdo, porque en la inconmovible oscuridad del indio, en ese permanente tránsito estoico en que parece ambular, será fácil para los propietarios, que nunca dejan de ribetear sus sombreros rurales con la cinta de los encomenderos, encontrar trabajadores que no se amparen en esta disposición salvadora, que trabajen como antes; como antes de la ley, como antes de la independencia; como antes de la Colonia; como en tiempos de los sañudos tecutlis.

Algo como un destino de pueblo relegado, pesa sobre esa fuerza nuestra que es el indio, asiento y columna de nuestra raza a la que debemos una principal parte de nuestra esencia mestiza.

Ojalá que a pesar de todas las resistencias, se cumpla esa libertad que nos concede la filosofía a todos los hombres, para sacar al indio mexicano de la sima ancestral en que yace como un muerto. Esta será la forma de salvarnos a nosotros mismos.

Por desgracia, que yo sepa la hemeroteca no cuenta con servicio de restauración y preguntar me da calambre. Pero no pasa nada, porque me he pasado la mañana pensando en el atracón de comida japonesa que me iba a dar. Ha llegado tarde pero ha llegado, (y no es lo mismo que cuando me acompañan mis arpías), pero me he puesto de maki y de sushi hasta las cejas. En peso escurrido de arroz aproximadamente una paella para cuatro y un arroz para dos de Miranda do Douro. He de decir que aquí ya he conseguido dominar con destreza los palillos. Me parece que es porque no tengo la presión a la que me sometió aquella china hijadeputa riéndose de mi en el Wok de Gran Vía, ni de #miesposoculé que tiene envidia porque soy zurda, y por tanto, especial.

¿¡Pa qué preguntas!?

¿¡Pa qué preguntas!?

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  1. Muy apreciadas amiga, hemos leido con gusto la relatoria sobre su visita a la hemeroteca nacional, y queremos por este conducto hacer de su conocimiento e invitarla a que visite la Hemeroteca Nacional Digital de México, en http://www.hndm.unam.mx

    HEMEROTECA NACIONAL DIGITAL DE MÉXICO

    Más de 9 millones de páginas digitalizadas
    947 títulos de publicaciones periódicas mexicanas
    Desde el siglo XVIII hasta el presente
    Con información de los acontecimientos políticos, sociales, económicos y culturales más relevantes del desarrollo histórico de México, así como datos y noticias sobre el progreso de la industria, el arte, las ciencia, la educación, etc.

    La Hemeroteca Nacional de México pone a la disposición del mundo este gran proyecto que da vida al trabajo de 10 años sobre la digitalización de su valioso acervo, contribuyendo con ello a minimizar el uso de las colecciones originales, amén de proveer acceso mundial sin barreras de espacio ni tiempo al contenido intelectual de las mismas.

    La Hemeroteca Nacional Digital de México (HNDM), se encuentra ya a disposición de los usuarios, quienes podrán consultar títulos y el servicio de reprografía (impresión de páginas) bajo dos modalidades.

    La primera opción de consulta del Portal en su cuarta versión, con mejoras técnicas y de diseño del prototipo creado entre 2002 y 2003) pone al alcance de todos por internet y sin barreras de espacio y tiempo más de 4 millones de valiosos acervos de la HNM ya son del dominio público y que resguarda el Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB) de la UNAM quien resguarda a su vez a la Biblioteca y a la Hemeroteca Nacionales de México, principales repositorios bibliohemerográficos de México..

    La segunda opción, posibilita in situ el acceso dentro del IIB, de todos los títulos que incluyen más de 9 millones de imágenes de las colecciones que por razones de dercho de autor aún cuenta con esta restricción y que incluye publicaciones oficiales y de la UNAM..

    La HNDM (www.hndm.unam.mx) es uno de los repositorios más importantes del proyecto Toda la UNAM en Línea, http://www.unamenlinea.unam.mx.

    • Muchas gracias, la conocía y me parece una iniciativa estupenda y desde luego una herramienta muy útil. Sin embargo, las fechas que yo estoy manejando para mi investigación quedan un poco alejadas de los ejemplares digitalizados. Le reitero mi agradecimiento por la información.

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