El verdadero México

Estándar

Viaje a la ciudad de Oaxaca de Juárez. Primera salida del DF a conocer por fin “el verdadero México”. Llegamos prontito a la estación y agarramos el primer camión que había disponible. Siete horas y media por delante. En el bus un variopinto grupo de italianos e italianas sería el encargado de amenizar altruistamente el trayecto entre el alboroto infame que montaron y la fantástica y edificante idea de cantarle al niño que iba con ellos Lady Gaga.

Un poquito de geografía

Un poquito de geografía

Bonito eslogan

Bonito eslogan

La ciudad de México es un oasis de “prosperidad”, algo que no compruebas hasta que no sales de ella. Aunque es absolutamente cierto que depende de la delegación de la ciudad por la que te muevas percibes de una manera u otra la pobreza, no lo es menos que la miseria realmente está en todos lados. La noche en la que salíamos del concierto de Paco de Lucía atravesamos con el coche la Avenida Paseo de la Reforma, una de las mejores zonas de la capital. Iba ensimismada mirando las luces de los edificios, el carril bici y las bicicletas aparcadas en los aparcabicis, hasta que en un semáforo un grupo de niños vestidos de payaso nos pidió unas monedas. Eran casi las 11 de la noche.

Como iba diciendo, salir de esta ciudad y ver a través de los cristales durante casi una hora un mar de casas hechas con bloques de hormigón y tejados de uralita que trepa sin fin por las montañas del valle del DF te sitúa de golpe en el sitio en el que estás. Tomé muchas fotos desde el autobús que evidentemente no tienen la mejor calidad, pero dan buena cuenta de a lo que me refiero. Es curiosa la cantidad de banderas de México que se ven en los tejados (ah, el nacionalismo, glorioso invento) y también el gran número de capillas improvisadas (ah, la religión…) con cualquier tipo de material y de colores muy vivos. También son geniales los carteles de propaganda electoral rotulados a mano en los muros que se usan a modo de límite entre una propiedad y otra, y los carteles disuasorios para ladrones: “Como te subas al tejado te linchamos”. [Pinchar para ampliar]

Las carreteras son muy decentes, he conocido carreteras andaluzas peores que las que hemos transitado estos días. Y te topas en ellas con una cantidad de imágenes increíbles. Desde una ristra de ositos de peluche tendidos al sol en una terraza (lástima, se me escapó la foto); hasta una familia vendiendo camioncitos de juguete en mitad de la nada; o una caravana de furgonetas del ejército con una metralleta aclopada en lo alto (¿Koffler, cómo pollas se llama eso?) y un tipo sujetándola que te hace pensar que como pille un bache o estornude lía una balacera del demonio. [Pinchar para ampliar]

Ahora, la cantidad de peajes que hay que atravesar serían la envidia de Artur Mas. Sé de alguna que sentiría una tremenda nostalgia al sacar la cartera cada dos por tres ante la barrera de paso. Claro que no es lo mismo pagar 30-35 pesos, que 6-7 euros por cada pit stop. Matices.

¿Cataluña, eres tú?

¿Cataluña, eres tú?

Después de cinco horas de viaje sin haber comido y habiendo desayunado tan temprano tenía un hambre que me daba calambre. El autobusero no tenía intención de parar, pero en Nochixtlan tuvo que dejar unos cuantos pasajeros y pudo subir una señora a la que le compramos una torta de milanesa con frijoles que me supo a gloria. Traía chile sorpresa y mi estómago ni rechistó.

Llegamos a nuestro destino sobre las 5 de la tarde, taxi y al Hotel Trébol en la calle Hermanos Flores Magón, anarquistas míticos precursores de la Revolución Mexicana y oriundos del lugar (http://es.wikipedia.org/wiki/Hermanos_Flores_Mag%C3%B3n). Dejamos las maletas y salimos a dar un paseo, es decir, a hacer tiempo para cenar.

Dos de los Flores Magón brothers

Dos de los Flores Magón brothers

Oaxaca es una ciudad de casitas bajas y de colores, muy pintoresca. Además, algunos edificios y calles tienen la particularidad de estar hechos con piedra verde extraída de una cantera cercana. Visitamos la feria del libro que había sido inaugurada por Quino días antes y estaba llenita de Mafaldas; y el Convento de Santo Domingo. Fue el primer centro de poder religioso en la zona tras la conquista de Huaxyacac (Oaxaca en náhualt) en 1521 y cuenta con verdaderas joyas, como una cruz de Caravaca con un cristo con una foto-tuenti en vez de una escultura. La explicación es sencilla. No querían asustar a los indios y hacerles entender que los iban a sacrificar mostrándoles un tío macilento crucificado. Todo miramientos y sutileza la de los religiosos españoles para con los indios desvalidos. También alberga una biblioteca espectacular en la que se guardan unos cuantos incunables y un registro estupendo de compra venta de esclavos africanos. Debía ser temporada alta para la adquisición de negritos, porque salían caros de cojones y el 2×1 entonces no se estilaba. Eso es algo que inventamos también nosotros con los procesos de independencia de las colonias. Por dos territorios emancipados te regalamos el tercero. O por el precio de Cuba llévese también Filipinas. [Pinchar para ampliar]

Cuando salimos ya era de noche pero nos dio vergüenza irnos a cenar a las 7 de la tarde, así que nos fuimos a tomarnos unas cervezas a un barecillo. Por fin probé la famosa bebida “Paloma”. Tequila con toronja. Dos concretamente, acompañados de botanita (chetos y nachos con picante, queso y chile). Mi estómago, muy agradecido.

Pal centro y pa dentro

Pal centro y pa dentro

Por fin dieron las 7.30 y salimos directamente hacia el Asador Vasco como nos habían recomendado. En la pared, dos cestapuntas ornamentales, un escudo de Euskal Herria y dos fotos de dos tíos con una inconfundible cara de Patxi. La gracia de estos sitios es que la comida es mayoritariamente mexicana, osea, que lo que tiene de vasco es el atrezzo. Probé los chapulines (saltamontes fritos) con guacamole y me pedí una carne asada a la oaxaqueña: res, queso Oaxaca, mole negro y cebolla. Mi estómago, tan campante.

Chapulín

Chapulín

Gora Euskadi Askatuta

Gora Euskadi Askatuta

El café con sacarina

El café con sacarina, por favor

Todos queremos más, todos queremos más… como en el “pobre de mí” sanferminero. Terracita en la plaza del pueblo con una piña colada. Olé mi estómago qué campeón.

Dos de la madrugada. En la cama, hecha un cuatro por el dolor y escuchando a mis dos roommates invocar al diablo con sus ronquidos. Os juro que si se hubiera presentado me habría ido con él con tal de que me quitase el dolor de tripa. No voy a entrar en detalles escabrosos (solamente diré que al final la caja de Fortasec sigue intacta), pero creo que redefiní el concepto de noche toledana. A partir de ahora, para mí, es noche oaxaqueña. Mi estómago, deficiente total.

Yo corriendo al baño

Yo corriendo al baño

A la mañana siguiente me tomé un par de yogures naturales y salimos a dar un paseo, atravesando por el mercado. La primera señora que me dijo “¿quieres chapulines, güerita?” me provocó tal repelús que traté de salir de allí corriendo con tan mala suerte que di a parar con mis huesos a la zona de carnicería. Acababan de traer una remesa estupenda de lenguas de bicho. Faltando a mi credo (no hay más dios que el sol y el cerdo es su profeta…) no quería más que huir. [Pinchar para ampliar]

Como fui capaz de retener los yogures conmigo como una persona mayor, nos fuimos de excursión a Monte Albán, yacimiento zapoteca. No pudimos ir en mejor momento: el contraste de las nubes y el azul del cielo con el verde del césped y la majestuosidad de los templos funerarios nos dejaron anonadados (léase con voz de Martes y 13). Además, no había esa cosa tan molesta llamada gente, lo cual se agradece siempre. Las escaleras para subir a lo alto están pensadas para encaramar a alguien para sacrificarlo, sí señor. Después de trepar al cuarto templo con escalones de medio metro cada uno caí en la cuenta de por qué me gusta tanto nadar: PORQUE NO HAY QUE SUBIR CUESTAS. [Pinchar para ampliar]

En este yacimiento son especialmente famosos unos grabados hechos en la piedra conocidos con el nombre de “Los Danzantes”, como también es famoso el restaurante con el mismo nombre en la ciudad (http://losdanzantes.com/category/oaxaca/), donde comimos a las 5 de la tarde. Un vistazo a la carta habla por sí solo, tampoco quiero hacer sangre de vuestra envidia. Mi estómago, pelillos a la mar.

Los Danzantes

Los Danzantes zapotecos

Los Danzantes zampabollos

Los Danzantes zampabollos

Llegamos a las 7 al hotel y ahí terminó el día para mí. De 7 a 12 de la noche calentando con siesta, a las 12 me puse el pijama y leí un poco para disimular, y a las 12.30 ya estaba otra vez sopa. Hasta el día siguiente.

Sábado, día completo de excursión: el árbol del tule (el más ancho del mundo con 42 metros de circunferencia); visita a telares artesanales; fábrica y degustación de tropecientos tipos de mezcal con el estómago vacío; yacimiento de Mitla, también zapoteco; y lo que más me gustó, una zona natural conocida con el nombre de “Hierve el agua”. [Pinchar para ampliar]

Hierve el agua es un sistema de cascadas petrificadas formadas por carbonato de calcio en la población de San Isidro Roaguía, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Oaxaca. Precisamente eso fue lo que más me gustó, tener que subir a la sierra y atravesar zonas rurales de México dejadas de la mano de dios. Ver el maíz secando en los tejados de uralita, las tiendas de “Miscelánea”, las canastas en las escuelas rurales, los niños llenos de churretes, las mujeres cargando con cestos de mimbre en la cabeza… Y todo ello enmarcado en un paisaje que quita la respiración. Cuando llegamos llovía, pero eso no impidió que cuatro domingueros se bañaran, gritaran porque hacía frío y me jodieran las fotos. [¿Os he dicho ya que hay que pinchar para ampliar?]

Ya de vuelta en la ciudad me tomé la primera tónica a palo seco de mi vida que yo recuerde (mi estómago, rencoroso). Y otra vez el hostión de realidad: de noche, en el bar había un pequeñajo dando cabezadas con su expositor lleno de chicles, dulces, tabaco, para vender; y en la calle decenas de niños que no contarían ni 10 años vendiendo y pidiendo sin más. Si conseguían unos pesos, se santiguaban rápidamente, dando gracias, y besaban la moneda. El fervor religioso es brutal. Ya había visto a una señora mayor de rasgos indígenas entrar en una iglesia jesuita, cargada de cestos hechos por ella misma para vender, postrarse literalmente en el suelo a duras penas. Pero es algo que no dejará de sorprenderme.

Domingo, regresamos al DF. Otras siete horas de viaje. Antes de salir ha entrado un tipo con una cámara de vídeos de primera a grabarnos las caritas. Por nuestro bien, claro. Ya de camino, íbamos viendo Skyfall cuando de repente nos ha parado el ejército y nos han hecho bajar y abrir las maletas ante la atenta mirada de cuatro militares fusil en mano. Por supuesto, mi maleta estaba hecha de una manera muy lamentable y se me han salido los trastos cayendo al suelo sin mayores consecuencias. Nos han pedido disculpas y hemos vuelto a subir al autobús. El verdadero México.

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