Algunos “lugares de la memoria” democrática de España en México

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Ya dije hace unos días que llevar una diferencia horaria de siete horas con respecto a España me permite leer las noticias como si estuvieran recién salidas del horno, o sin poder esquivarlas, igual que la mierda que pisas y que todo el mundo ha advertido de su presencia en la calzada menos tú. Según se mire. Lo del Prestige, como titulaba acertadamente uno de los editoriales de eldiario.es, es simplemente “outra máis” (http://www.eldiario.es/zonacritica/Outra-Mais_6_196390374.html). Otra de tantas barrabasadas en un país cuyos problemas actuales tienen mucho que ver con nuestra prácticamente inexistente cultura política democrática. Sin irse muy lejos, en los siguientes comicios electorales municipales después del desastre, el PP volvió a arrasar en Galicia. #Miesposoculé y yo estuvimos a punto de ir a echar una mano quitando mierda. Llegaron a llamarnos, pero acabábamos de empezar la carrera y nos enfrentábamos al primer periodo de exámenes con más miedo que vergüenza. Me puedo imaginar la cara de gilipollas que se le quedaría a los miles de voluntarios que se montaron en un autobús a ayudar con lo puesto.

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No creo que podamos llevarnos las manos a la cabeza por la sentencia del caso del buque petrolero de Liberia con bandera de Bahamas (!). O por lo menos en la misma medida que no lo hemos hecho con el caso de MetroValencia hasta que vino El Follonero a interpretarnos la realidad, con el Madrid Arena, con el Yakolev 42; y con tantos y tantos otros casos en los que la impunidad campa por sus respetos (¿lo he dicho bien, mamá?). Ego te absolbo y pelillos (hilillosh) a la mar, como por otra parte no podía ser de otra forma en un país de meapilas que expulsó a moros y a marranos, evangelizó a los salvajes, impulsó la Inquisición y la Contrarreforma, y que fue la reserva espiritual de occidente (sic). Hola Señor Arzobispo de Granada, ¿qué hay de mi apostasía? Enhorabuena por el libro que acaban de publicar.

[Sí, Javi, sí. Existen muy honrosas excepciones y gente que se partió la cara por la democracia y que lo sigue haciendo, pero no son los que deciden ni los que mandan y sabes tan bien como yo que muchas de las carencias que tiene nuestro sistema político se deben al poder omnímodo que la Iglesia ha tenido y tiene en España].

Así que la sentencia del caso Prestige es solamente una muestra más de las deficiencias rampantes de nuestra “democracia” y de la escasa tradición democrática de nuestras instituciones. De todas, empezando por la monarquía, siguiendo por la judicatura, la universidad o las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. No se salva ni una. Como tampoco nos salvamos nosotros como “ciudadanos”.

La memoria democrática de España no hay que rastrearla en el proceso político que denominaron colectivamente Modélica Transición Española® dándose palmaditas en la espalda y chupándose las pollas los unos a los otros con fruición. Hunde sus raíces en la experiencia democrática de la II República y en todas aquellas luchas que se llevaron a cabo por la gente corriente contra la dictadura franquista durante los largos 40 años que ésta duró (formalmente). Y de eso, México tiene mucho que contar.

Gracias a la iniciativa del presidente Cárdenas (una vez más protagonista en el blog), este país acogió con los brazos abiertos a muchos refugiados y exiliados políticos españoles que salieron huyendo de España durante la guerra civil en busca de un futuro mejor (o por lo menos más esperanzador). Yo no soy especialista en “Exilios”. Lo que sé sobre el tema lo estudié en la carrera y corrigiendo artículos para la revista, y seguramente los amigos que se dedican a la materia tengan muchas observaciones que hacerme. Sin embargo, a cualquiera que tenga inquietudes políticas y que se haya interesado por la historia reciente de España desde un punto de vista no ya de izquierdas, sino simplemente riguroso y ajeno a manipulaciones caesarvidalescas o piomoantanas, le debe llamar poderosamente la atención la cantidad de “lugares de la memoria” democrática que se desperdigan por la capital mexicana construidos por los españoles republicanos que llegaron a este lugar a partir de finales de los años treinta del pasado siglo.

El Café Villarías es un buen ejemplo de ello. Como bien explican en su página web (http://cafevillarias.com/index.php/historia),

[…] es algo más que un expendio de café; se trata de un espacio que refleja en todas sus paredes y esquinas la historia de aquellos hombres que fueron obligados a buscar nuevos horizontes, mismos en los que el tormento de la Guerra Civil permaneció presente y definió, completamente, la vida de esos a los que llamaron rojos.

Si bien lo anterior puede parecer, a simple vista, una aseveración un tanto exagerada, la verdad es que el Café no sólo manifiesta las peripecias de una familia exiliada a su llegada a México, sino que también es muestra de la lucha que esos refugiados mantuvieron una vez que su estancia en la tierra de acogida se hizo permanente.

La familia Villarías (Leoncio y Juliana y sus tres hijos, Leoncio, Juan y Julián), oriunda de Santoña, llegó a México tras huir primero de España durante la guerra civil y después de Francia durante la invasión nazi. Pronto, tanto como en 1942, establecieron el negocio que hoy en día sigue en pie. Tras la muerte de Leoncio padre en 1949, fueron los hijos quienes se hicieron cargo del establecimiento y sobre todo Leoncio hijo quien destacó por su actividad política filorepublicana, muy vinculada al Centro Republicano Español de México (CREM):

Pese a que los tres hermanos compartían la misma ideología, fue Leoncio el que destacó por su participación en diversos actos políticos y culturales organizados por diversas instituciones del exilio, como fue el caso del Centro Republicano Español de México (CREM). Esta asociación, creada en 1939, se distinguió por conformar un discurso que abogaba por lo que nunca antes se había tomado en cuenta en el marco del grupo refugiado en México, es decir, la necesidad de amalgamar las diferentes tendencias políticas de izquierda como única manera de estructurar un mecanismo que permitiera derrocar a la dictadura franquista. El Centro, además de ser un ejemplo de las organizaciones políticas creadas desde el exilio, realizó incansables y numerosos homenajes tanto al país que acogió a los refugiados, como al hombre que apoyó desde el primer momento al gobierno de la Segunda República, Lázaro Cárdenas.

En 1966 el Centro abandonó su sede ubicada en la calle de Venustiano Carranza para establecerse en el que sería su último espacio formal, localizado en la calle de López nº 60, es decir, en la misma cuadra que el Café Villarías. En el mismo año en que ocurrió esto, Leoncio se hizo miembro de la asociación y un año más tarde, en junio de 1967, formó parte por primera vez de la Mesa Directiva bajo la presidencia de Jacinto Segovia.

Debido a la proximidad entre el Café Villarías y el CREM, y el papel que Leoncio desempeñaba en el mismo, el Café pasó a convertirse, informalmente, en el Consulado de la República Española. Años más tarde, Leoncio se convirtió en presidente del CREM y en una entrevista enfatizó que:

“Por aquí han pasado muchos, pero muchos refugiados, porque, claro, aparte de ser expendio de café, llevamos también los asuntos del Centro Republicano, y la gente nos conoce mucho, en cualquier parte. Inclusive en España. Este ha sido siempre un centro de reunión, ahora menos, desgraciadamente,  porque muchos han desaparecido.” 

El negocio está lleno de recuerdos vinculados a esa memoria e identidad colectiva que levantaron en México los republicanos exiliados y los dependientes visten unas bonitas camisas con la bandera y el escudo republicanos que llevan con orgullo.

El Ateneo Español de México (http://www.ateneoesmex.com/) se creó con la intención de aglutinar los diversos centros culturales y las actividades de toda índole que pronto comenzaron a impulsar y desarrollar los, en palabras del filósofo José Gaos, transterrados españoles.

[…] Los diversos centros culturales creados desde el principio del exilio -escuelas, editoriales, asociaciones científicas y deportivas- realizaban sus actividades en forma un tanto desordenada y sin un propósito común que las aglutinase. Así, poco a poco comenzó a madurar la idea de una agrupación en la que todos tuviesen cabida -independientemente de sus posiciones políticas- y que fomentase la expresión de las ideas y los avances que se advirtiesen en beneficio de la humanidad. De esta manera, con beneplácito de todos los exiliados, nació, a semejanza de su antecesor peninsular, el Ateneo Español de Mexico.

[…] El pequeño foro fue muy activo. Acudieron a él lo mas distinguido de las letras, el arte, la música, la ciencia y el pensamiento contemporáneo. Mexicanos, españoles, centro y sudamericanos, amén de no pocos extranjeros, pronto convirtieron al Ateneo en su casa. Todo hombre que simpatizase con la obra y las ideas del centro cultural era bienvenido. El beneficio era multifacético; por un lado el que participaba de las actividades se enriquecía con el contacto humano; por otro, la sociedad se enriquecía con los modestos aunque tenaces aportes del grupo; la difusión que se lograba, en tercer lugar, permitía a quienes se preocupaban mantenerse al día y enriquecer una cultura hispanoamericana dispersa, incomunicada, que estaba, sin embargo, en pleno proceso creativo. Así, en el Ateneo tuvieron origen muchos proyectos culturales y de investigación, resultado de un diálogo fructífero y sano que, en alguna medida, beneficia a la humanidad. Su biblioteca fue creciendo y a ella acudían tanto los niños de las escuelas cercanas como los estudiantes e investigadores. Muchos de los actos que se realizaron pasaron por la imprenta y quedaron para el beneficio de las nuevas generaciones en forma de modestos pero útiles folletos. Se organizaron concursos de literatura, de ajedrez, actividades infantiles y juveniles, visitas guiadas a lugares importantes del país, forjándose poco a poco una dinámica muy especial que se ganaba el respeto de propios y extraños.

En la actualidad, a pesar de los muchos problemas internos y externos con los que tiene que lidiar, continúa funcionando como centro asociado a la UNED en un estupendo edificio de los años veinte del pasado siglo, sito en el nº 6 de la calle Hamburgo del DF. Dispone de una bonita biblioteca y de fondos documentales y bibliográficos indispensables para cualquier investigador del exilio español en México.

Su actual presidenta, Carmen Tagüeña, es hija de Manuel Tagüeña Lacorte, destacado coronel republicano (físico de profesión) que combatió al bando rebelde en la guerra civil. Nació en la URSS y pasó parte de su infancia en la Yugoslavia de Tito y en Checoslovaquia antes de llegar a México en 1955. Conocerla es un honor, y escucharla, un descojono. En una cena que compartimos con ella nos contó que su padre, (quien llegó a ser Jefe del Estado Mayor soviético en la división Vladimir durante la II Guerra Mundial) contaba chistes de Stalin en la intimidad. Y que su madre, ya anciana, decidió disfrazarse de baloncestista en una fiesta de disfraces “porque era lo que ella quería haber hecho en la vida y Franco se la quebró”.

Tanto el Café Villarías como el Ateneo son solamente dos ejemplos de la importante huella dejada por aquell@s que llegaron a México a empezar de nuevo obligados por las circunstancias. Y también de la enorme hospitalidad con la que fueron recibidos y la generosidad con la que fueron tratados. En la ciudad existen innumerables vestigios de ello. Calles, plazas, monumentos, placas conmemorativas… y es que la experiencia democrática de la II República es reconocida por parte de instituciones casi exclusivamente extranjeras. Francia homenajea a nuestros viejitos, excombatientes que liberaron París en la II Guerra Mundial, mientras que en España el partido que hoy gobierna se dedica a homenajear a los integrantes de la División Azul y se destruyen monumentos en memoria de las Brigadas Internacionales. El PSOE (supuestamente socialista) mira para otro lado cuando está en el poder y cuando está en la oposición dice que hay que exhumar a Franco y sacarlo del Valle de los Caídos. Y reclamar el derecho a enterrar dignamente a tus muertos es “levantar ampollas”. ¿Os imagináis que cuatro niñatos energúmenos entrasen en el memorial estadounidense de Normandía y destrozasen cualquier monumento? ¿O que condecoran a un nazi en Alemania? Joder, es que es de juzgado de guardia.

Todo está relacionado. De aquellos polvos, estos lodos. Sufrimos las consecuencias de que en España ganasen la guerra (con la connivencia de las demás potencias mundiales), justamente aquellos contra los que la mayoría luchaba entre 1939 y 1945; de que realmente no hayamos dejado atrás ni renegado de ese pasado antidemocrático y fascista; y por encima de todo, de que como país no hayamos sabido rescatar y situar en el lugar que merece la experiencia republicana de los años treinta.

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  1. [Sí, Javi, sí. Existen muy honrosas excepciones y gente que se partió la cara por la democracia y que lo sigue haciendo, pero no son los que deciden ni los que mandan y sabes tan bien como yo que muchas de las carencias que tiene nuestro sistema político se deben al poder omnímodo que la Iglesia ha tenido y tiene en España].
    Razón de más para publicitar la labor que hace la Iglesia de base, cuestionar el binomio Iglesia católica = derecha (porque sigue habiendo gente que se la cree y refuerza la identidad de los intereses que combatimos) y seguir denunciando comportamientos poco evangélicos de la Iglesia oficial

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