México ’68

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Os escribo hoy sobre un lugar del que tuve noticia de su existencia los primeros días de mi estancia en el DF y cuya historia me impactó profundamente: la Plaza de las Tres Culturas o Plaza de Tlatelolco. Supe de ella al revés, sin visitarla físicamente. Escuché la consigna “¡2 de octubre, no se olvida!”, charlé sobre el movimiento estudiantil #YoSoy132 y vi la película Rojo Amanecer en youtube. ¿Pero qué es lo que no se olvida el 2 de octubre? Ésta es la historia de este espacio, más o menos.

Primero, ¿a qué debe su nombre esta plaza? Los conjuntos arquitectónicos ubicados en su entorno provienen de tres etapas históricas diferentes:

– Cultura de Tenochtitlan (nombre de la capital mexicana azteca) representada por pirámides y restos prehispánicos construidos por el pueblo mexica que reciben el nombre de Tlatelolca. Al parecer en este lugar existía un importante mercado que abastecía de todo tipo de mercancías provenientes de Mesoamérica a los habitantes del Valle de México. Ésta es la etapa de la Primera Cultura.

– Cultura colonial. Representada por un convento y el templo católico de Santiago (también se dio un garbeo por aquí después de pasar por Murcia). Los conquistadores tenían la sana costumbre de construir sus iglesias sobre los templos prehispánicos, aprovechando las mismas piedras para su edificación. Ikea prehispánico. Ésta es la etapa de la Segunda Cultura.

– Cultura del México moderno. Representada por la Torre de Tlatelolco, actualmente sede del Centro Cultural Universitario y el Memorial del 68 de la UNAM, así como los edificios habitacionales conocidos como Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco. Ésta es la etapa de la Tercera Cultura.

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Segundo, ¿qué conmemora el Memorial del 68? (de México ’68 una recuerda los Juegos Olímpicos y nada más). La conocida como “Matanza de la Plaza de las Tres Culturas” en la que murieron asesinados cientos de civiles indefensos.

Tercero ¿por qué? México en aquella época era un país pseudemocrático gobernado por el omnipotente Partido Revolucionario Institucional (PRI) que se decía representante de los principios de la Revolución de 1910 pero que en realidad se trataba un grupo político oligárqico enquistado en el poder y en las instituciones. (El primer presidente no priista de la historia de este país será Vicente Fox (2000-2006), ahí es nada). El país centroamericano había experimentado una etapa de crecimiento económico sostenido y cierto desarrollo social en la misma medida que el resto de países de su entorno, aunque a finales de los sesenta empezaba a notar los efectos de la recesión y se anunciaba la crisis económica de los años setenta. Vivió como el resto del mundo una fuerte agitación social durante los años 60 y especialmente en el año 68, al calor del famoso mayo francés y otros movimientos sociales relacionados. Pero cada país tiene sus particularidades y las de México son muchas.

Según he podido leer, lo que se conoce como el Movimiento Estudiantil de 1968 no nació ese año, ni surgió por generación espontánea. Sus demandas habían sido planteadas anteriormente por innumerables organizaciones políticas revolucionarias y por importantes grupos estudiantiles. Fue un movimiento social en el que los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional llevaron la voz cantante, pero en el que también participaron profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y “profesionistas” de la capital mexicana. Con consignas como “Pueblo, abre los ojos”, “abajo la momiza”, “¡no queremos Olimpiada, queremos revolución”, los jóvenes de la época se oponían a la conservación del statu quo, a “la simulación de un México democrático” y al sistema de gobierno impuesto por el PRI.

A partir de julio de ese año, los estudiantes protagonizaron diversas manifestaciones y ocuparon numerosos espacios públicos de la ciudad, como la Plaza del Zócalo, siendo duramente reprimidos por la policía. El Partido Comunista Mexicano (que no fue legal hasta 1979), fue especialmente azotado por la represión estatal. Agentes de la Dirección Federal de Seguridad, con el apoyo de elementos del Servicio Secreto y de otras policías, ocuparon las oficinas del Comité Central del Partido Comunista y los talleres gráficos de La Voz de México (órgano del PCM) y se llevaron a las personas que se encontraban en sus instalaciones. En otros sitios se tomaron presos sin orden judicial.

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Durante el mes de agosto los estudiantes constituyeron el Consejo Nacional de Huelga y continuaron las protestas respaldadas por decenas de miles de ciudadanos, así como la represión indiscriminada de la fuerza policial y del ejército. La CIA había hecho acto de presencia difundiendo información falsa sobre los miembros del PCM. Ya la echábamos todos de menos en esta historia. No hay contemporaneista que no le coja cariño.

Ante esta situación, el 1 de septiembre, el entonces presidente Díaz Ordaz denunció durante su cuarto Informe de Gobierno la existencia de un supuesto complot para boicotear los Juegos Olímpicos que se realizarían por primera vez en México. Y hasta ahí podíamos llegar. La cita olímpica era una oportunidad única para que México se mostrase al mundo como un país desarrollado y capaz de organizar un evento de tales características. Nada nuevo bajo el sol.

El 2 de octubre de 1968 miles de personas se congregaron pacíficamente en la Plaza de Tlatelolco, vigilados por policía y ejército desde las azoteas de los edificios próximos y con ayuda de helicópteros. Sin embargo, en esta ocasión el Estado mexicano se guardaba un as en la manga: el Batallón Olimpia. Un nombre muy apropiado para las fechas que corrían, pues como decía México albergaría ese mismo año la XIX cita olímpica. Se trataba de un escuadrón militar creado para garantizar la paz y la seguridad durante los JJOO, pero se ve que los pluriemplearon. Se infiltraron de paisano entre la masa y actuaron como francotiradores, apostados en varios de los edificios que rodeaban la plaza. Portaban un pañuelo o guante blanco en la mano izquierda. (Que soy compañero, coño).

A las 17.55 se lanzaron dos bengalas que señalaron el inicio de la masacre. El objetivo era hacer creer que los responsables de que se abriera fuego habían sido los estudiantes (¿os suena?), así que los miembros del Batallón Olimpia dispararon indiscriminadamente a estudiantes, policías y militares. A lo que estos últimos respondieron disparando contra la multitud.

Muchos de los manifestantes que lograron escapar del tiroteo se escondieron en algunos departamentos de los edificios aledaños, pero esto no detuvo al ejército, que sin orden judicial, irrumpió en CADA UNO de los departamentos (unos 12.000), de TODOS los edificios de lo que conforma la Unidad Tlatelolco para capturar a los manifestantes que en muchos casos fueron asesinados. Varios testigos aseguran que durante este lapso, el Batallón Olimpia se hizo pasar por empleados de la luz y agua para poder buscar estudiantes fácilmente. Los detenidos (unos 3.000), fueron enviados a distintas cárceles de la ciudad de México.

Había que borrar las huellas de lo sucedido, por lo que se registró a los periodistas que estaban en el lugar y se les requisó su material fotográfico. Algunos fueron desvestidos, y otros, como Oriana Fallaci, heridos. También se encargó la limpieza del lugar al cuerpo de bomberos y al ejército, que se mantuvo en la plaza hasta el 9 de octubre.

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Y cuarto, ¿cuántos? Aún se desconoce la cifra exacta de los muertos y heridos. El gobierno mexicano manifestó en 1968 que fueron sólo 20 muertos (qué cachondos). Tres años más tarde, la escritora Elena Poniatowska, reciente Premio Cervantes 2013, en su libro La noche de Tlatelolco. Testimonios de Historia Oral, publicó la entrevista de una madre que buscó entre los cadáveres a su hijo y reveló que por lo menos había contado 65 cuerpos inertes en un solo lugar. Otro periodista inglés realizó investigaciones independientes entrevistando supervivientes y testigos en los hospitales y calculó que el saldo fue de 325. Años más tarde, en una segunda investigación, el número se rebajaría a 250. En general las estimaciones calculan el número de muertos en un rango que va de los 200 hasta los 1.500. Testigos afirman que hubo grúas recogiendo centenares de cadáveres para luego ser arrojados al mar o incinerados.

Durante los años 90 se formaron varios comités de investigación. En concreto, en 1993 se creó una Comisión de la Verdad en la que se determinó que hubo más de 300 muertos, 700 heridos y 5.000 detenidos; y se dispararon más de 15.000 balas. En octubre de 1997, (ojito, 29 años después), el congreso mexicano formó un comité para investigar la masacre de Tlatelolco. El comité tomó testimonio a varios testigos y activistas políticos involucrados, incluyendo al expresidente (1970-1976) de México Luis Echeverría Álvarez (quien en aquella época era Secretario de Gobernación). Echeverría admitió que los estudiantes estaban desarmados y también sugirió que la acción militar fue planificada anticipadamente para destruir o debilitar el movimiento estudiantil en México de 1968, que finalmente se disolvió en diciembre de ese mismo año. Estuvo bajo arresto domiciliario durante unos días acusado de genocidio, hasta que se decretó el sobreseimiento de la causa judicial abierta contra él.

10 días después fueron inaugurados los XIX Juegos Olímpicos. ¿Qué sabían de ello los deportistas? Algunos componentes del equipo nacional mexicano eran conscientes de lo ocurrido días anteriores, pero otros “no tenían ni idea” al estar concentrados en la competición. Un deportista italiano manifestó que

Si están matando estudiantes para que haya Olimpiada, mejor sería que ésta no se realizara, ya que ninguna Olimpiada, ni todas juntas, valen la vida de un estudiante.

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Así es como el Estado destruye siempre lo que considera una amenaza potencial, y en este caso, real. Con violencia. No hay más. Y contra esto no hay batucadas ni manitas al aire pintadas de blanco que valgan. Cada 2 de octubre se manifiestan para recordarlos y ciertamente aquello provocó que surgiera una permanente y más activa actitud crítica en el seno de la sociedad civil de este país.

Hoy día el debate sigue abierto sobre qué lección le dejó a México aquel movimiento de 1968. Elena Poniatowska lo relaciona con el 2012, cuando se disputaron los Juegos Olímpicos de Londres. El equipo mexicano consiguió algunos metales y un grupo de jóvenes de la Universidad Iberoamericana inició el movimiento #YoSoy132, saliendo a las calles con sus propias motivaciones tras la polémica visita del presidente Peña Nieto a sus instalaciones. En el acto protocolario se negó a dar explicaciones a los estudiantes que le preguntaron sobre los sucesos de San Salvador de Atenco en 2006 siendo él gobernador del Estado de México. Para rematarlo intentó escabullisre por la puerta de atrás. Ambas cuestiones prendieron la mecha de este importante movimiento ciudadano.

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Bonus track 1: La película Rojo Amanecer. Jorge Fons (1989).

Bonus track 2: Todo blog que se precie necesita su propio troll. Os presento al de chinampaizquierda. Se llama San Tanás. Es un personaje entrañable que aunque docto en la internes y en sus inescrutables caminos, piensa que puedo bloquearle el acceso a mi blog. No me digáis que no es tierno.

21 días protestando

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  1. Fantástico, como siempre.
    Solo un matiz de la del chándal: la Olimpiada se conoce en realidad como el tiempo de 4 años entre Juegos y Juegos, donde se supone que la ciudad olímpica propone eventos previos deportivos y culturales, pero más bien se prepara para desplumar a la ciudad y el país y corromper(se) como Dios manda. Pequeño apunte que no es más que signo de sana envidia ante el abundante talento histórico-narrativo de vuestra merced. 😀

  2. Hola manita!

    Me alegran tus palabras de amor. Ya sabes hasta qué punto (y coma) el sentimiento es mutuo.

    Un punto negativo en tu vlog: sigues sin hablar del tema que TODOS estamos deseando. A quién le importan unos cuantos rojos muertos? Pareces olvidar que vivimos en España, y aquí eso ya no impresiona.

    Un punto positivo en tu wlog: al menos has alimentado al troll. Y eso, cuando es un troll de calidad, es de agradecer. Créeme que sé mucho de esto por algún foro que visito a diario.

    En fin, tengo que reconocer que mola la entrada. Daría para más de un libro las reacciones de los Estados frente a sus luchas internas, cuando les toca celebrar unas Olimpiadas…

    Un abrazo, y ya te llegará el paquete de yogures bio que me pediste. Si a José Coronado le han ido bien, seguro que a ti también te ayudan…

    PD: Me has desbloqueado ya?

    • Noto cierto resquemor. ¿Es que no te ha gustado la foto tan bonita que te he buscado? No me digas que no sales favorecido.
      Yo a la máxima “don’t feed the troll” no le hago mucho caso. Los trolls también tenéis derecho a ser escuchados.

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