La familia que pastorea unida permanece unida

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Visita de mis progenitores, don Andrés y doña Emilia, doña Emilia y don Andrés. Una semana de pastoreo en familia, aunque nos faltaba el miembro de la mecha, como en París. Ahí van unos highlaises.

Xochimilco. Repetid conmigo: XO-CHI-MIL-CO. No CHO-CHI-MIL-CO, que os conozco. Una zona de más de 200 km de canales y chinampas (por eso el nombre del blog), al sureste del DF que desde luego merece la pena visitar. La orografía de la llamada Cuenca de México ha cambiado mucho a lo largo de los siglos. Los principales lagos que inundaban lo que hoy es la Ciudad de México han sido desecados y Xochimilco es una de las últimas áreas que conservan en cierta medida su forma originaria. Las culturas que habitaban este lugar antes de la llegada de los Hernán Cortés boy’s aprovecharon este tipo de geografía y utilizaron el sistema de chinampas como método de agricultura. ¿Y qué son las chinampas? Del náhuatl chinamitl, seto o cerca de cañas, son un método prehispánico de cultivo y expansión territorial que a través de una especie de balsas flotantes cubiertas con tierra, sirvieron para cultivar flores y verduras, así como para ampliar el territorio en la superficie de lagos y lagunas del Valle de México; haciendo a México-Tenochtitlan una ciudad flotante.

Antes todo el DF era lago

Antes todo el DF era lago

Actualmente en la delegación de los canales habitan casi medio millón de personas. En ella, sus vecinos se mueven en barquitos u otros sistemas acuáticos para desplazarse de unas zonas a otras, y vive fundamentalmente del cultivo de flores y plantas. Como bien nos avisó mi tía, Xochimilco quiere decir “tierra de flores”, y tanto.

Alquilamos una trainera y nos pasearon durante tres horas entre canales y chinampas, viendo pajarillos, helicópteros leopard en forma de libélulas, pescaillos, y uno de los cinco volcanes que rodean la Ciudad de México, que se dejó ver para nosotros, nevado y todo. Algo para nada usual pues las nubes y la polución lo suelen impedir. También pudimos contemplar a la gente trabajando sus trocitos de tierra. Tierra que nuestro remero nos informó que es ejidal. Es decir, repartida durante el proceso de reforma agraria iniciado con Cárdenas (ya te echábamos de menos, amigo) en 1934 y con la que no se puede especular. Pasa de padres a hijos. Nos dieron de comer estupendamente parando la trainera al pie de un restaurante. Vino una señora muy amable a cantarnos el menú y después de elegir nos puso nuestro mantelito y nuestros platos de comida. Tortas de maíz verdes con arrachera, queso y aguacate, (te arañas), mientras continuábamos la travesía.

Teotihuacán. “Ciudad de los dioses” en nahuatl. A unos 45 km al Noroeste del DF. Uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de México junto con Chichén Itzá (Yucatán), Palenque (Chiapas) y Monte Albán (Oaxaca). Voy a  volver de México habiendo visto 3 de 4. No está mal. Alrededor de su historia y sus pobladores hay montado un follín curioso entre arqueólogos que no se ponen de acuerdo inventándose la historia del lugar. Así que aquí va un gráfico cronológico elaborado a partir de restos cerámicos de esos que tanto les gustan a los del gremio y que parecen decir “no tenemos ni zorra, pero para que te hagas una idea te endiño un gráfico bonico y listo”. Y si lo llegan a hacer con power point ya ni te cuento.

La verdad es que es un sitio apabullante. Apabullan sus dimensiones, apabulla el sol que cae a plomo, apabullan las pirámides, apabulla el silencio que se siente… y apabullan los vendedores apostados a uno y otro lado de la Calzada de los Muertos. Uno de ellos quiso que me llevara un recuerdo “para la Infanta Leonor, más barato que en El Corte Inglés” (sic). Al contestarle “a ésa ni agua”, soltó una carcajada y siguió regateando con otro visitante. Otro nos dio un masaje con piedra obsidiana y se cobró nuestra negativa a comprarle algo (ya no nos quedaba ni un peso) en especie: pasándome la piedrita por todos sitios, literalmente. Eso sí, me transmitió mazo energía positiva.

¿Subimos a las pirámides? Subimos. Hay dos enormes. La Pirámide del Sol, y la Pirámide de la Luna. Al terminar la escalada de la primera, iba yo pendiente de que no les diera un jamacuco a mis padres (craso error pues están en plena forma) y me dio a mí. En lo alto de semejante bicho arquitectónico, de 63 metros de alto y 225 por lado. Empiezo a pensar que mis mareos o éxtasis místicos son de lo más sincrético: el primero me dio después de donar sangre antes de una clase de arqueología con Andrés Adroher (guiño, guiño, codazo, codazo). El segundo, esperando a que mi prima saliera en procesión en la Semana Santa granadina. Y el tercero, en lo alto de la Pirámide del Sol. Por esta regla de tres, debería haber sufrido alguno en el Bernabéu, y el cuarto debe tocar en un matadero. Veremos. Lo guapo, guapo, es pensar, a la par que te sientas porque no te sostienen las piernas y se te nubla la vista, en cómo cojones te van a bajar de allí arriba y cuál es el 112 mexicano. Afortunadamente, unos cacahuetes japoneses después, todo volvió a su ser. Pero a la Pirámide de la Luna subió perri. Comimos en un restaurante con vistas a las pirámides, estupendamente, como de costumbre en este país.

Arriba te espero

Pirámide del Sol. Arriba te espero

Tepozlán. Pueblecito encantador en el estado de Morelos, a una hora escasa de México capital, en el corazón del Valle de Tepozlán y del parque nacional El Tepozteco. Es muy chiquito, apenas su centro histórico cuenta un par de calles, la plaza del mercado y un ex-convento dominico. Pero tiene lo más importante: un restaurante que te cagas. El Ciruelo. No hay nada como conocer a gente del lugar para que te recomiende los sitios a los que ir. Aunque lanzarse a la aventura y descubrir por ti misma restaurantes geniales y estupendos también tiene su gracia. No me cansaré nunca de decir lo amables y educados que son los mexicanos. Cuando les preguntas cualquier cosa te responden con eficacia. Algunos preguntan que de dónde vienes y te dan la bienvenida a su país. Suelen despedirse con un cálido “que estés bien” o “suerte”, sin conocerte absolutamente de nada. Me encanta.

Basílica de Guadalupe. Macro lugar de peregrinación para los mexicanos, tipo Santiago de Compostela o San Francisco Javier. La guadalupana es su patrona, y cuentan que se apareció cuatro veces a san Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el cerro de Tepeyac. Debía ser corto de entendederas o durillo de oído el fulano. Es curioso, porque los fieles andan divididos entre los que creen que este señor existió y los que no. Entre aparicionistas y antiaparicionistas. Y como nuestro querido Santiago, la virgencita morena (porque es india), está presente en todos y cada uno de los acontecimientos importantes de México desde que asomaron por aquí los españoles cruz en ristre. Cuánta gloria. Ahora que lo pienso, si la Virgen de Guadalupe es de piel morena porque es india, ¿la Moreneta por qué es negra? Uyuyuy… fallo en Matrix.

En su favor diré que no hay que pagar un duro para entrar en ninguno de los complejos religiosos que conforman la zona de culto a la Virgen de Guadalupe o conjunto religioso del Tepeyac, cosa rara para alguien europea acostumbrada a aflojar la pasta para entrar en edificios religiosos. En su contra, lo de siempre. No hay sobre la faz de la tierra ideología o creencia más esclava (y que justifique más la “esclavitud”) que el cristianismo. Ver de rodillas a gente tan humilde, cruzando la plaza de punta a punta y encima pidiendo perdón es algo que nunca podré entender. Sí, les ayuda y les consuela. Pero debería ayudarles a emanciparse y rebelarse, no a promover la alienación y el conformismo. Aunque también es cierto que la Iglesia Católica latinoamericana es muy diferente a la europea en un sentido positivo. Ahí está la Teología de la Liberación, que no por casualidad surgió en este lado del Atlántico y sobre la que la Iglesia oficial ha argumentando que “sus orígenes marxistas no son compatibles con el Evangelio”. Sonora carcajada.

Entre lugar destacado y lugar destacado, visitamos Coyoacán y San Ángel, comimos en Los Danzantes, y la intrépida pareja Fuentes-Navarro se metió en Tepito (el típico sitio del que Jon Sistiaga te hace un documental demagógico y populista [http://www.youtube.com/watch?v=S1Uezp7kU40] y te dicen que no vayas ni borrach@), aunque venían avisados. También visitamos el Museo Mural Diego Rivera, esperando ver obras del marido de Frida Kahlo. Nuestra lengua, tan rica en matices, nos jugó una mala pasada. “Museo Mural Diego Rivera” no quiere decir que tenga obras “de Diego Rivera”. Ya lo sabemos para otra vez.

Presumiendo de padres

Presumiendo de padres

La última noche de hotel estaba pagada y mis padres no la iban a disfrutar, así que hice caso a mi madre y me quedé allí. Por la mañana desayuné bajo la atenta mirada de Porfirio Díaz al cual le puse caras e hice muecas, por supuesto; y un camarero me preguntó “¿está todo bien madame?”. Después me fui a la piscina a nadar, para que se me pasara la impresión y la risa.

Bonus track 1: síntomas de adaptación:

– Bajar a comprar agua con el pantalón del pijama puesto, como quien baja al chino de enfrente de casa en Granada a por vicio. Joder, acabo de caer en que también puedo bajar en pijama a por shawarmas, si no fuera porque no está entre mis tareas domésticas.

– Que la señora de la lavandería te reciba con una sonrisa y te llame por tu nombre. O le hacen gracia mis bragas o es muy amable.

– Ir al COLMEX en el pesero de la ruta 87 y desear con todas tus fuerzas ganar la carrera entre bólidos por el Camino del Pedregal. Fuck yeah.

Bonus track 2: consecuencias de que #miesposoculé sea cinturón negro de photoshop y tenga una imaginación desbordante. Mis palabras han sido las siguientes: “ponme una máscara de lucha mexicana en la foto que no quiero que se me vea la cara en el blog”. Y éste el resultado:

Zurriendo mierdas con un látigo mexican edition

Zurriendo mierdas con un látigo mexican edition

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