Mé(XL)ico

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Mi estancia en el DF va llegando a su fin, así que apuro el tiempo que me queda aquí para escribiros sobre cosillas de este país que han captado especialmente mi atención. Una de ellas es, sin duda, sus hábitos alimenticios. Ya os he hecho salivar con una gran cantidad de platos exquisitos, la mayoría de ellos componentes principales de la dieta “tradicional” mexicana. Platos muy elaborados y de alto contenido calórico, pues suelen estar cubiertos de queso fundido y/o rebozados y bañados en millones de salsas que, picantes o no, no tienen pinta de adelgazar precisamente.

(Esas babas joder, que me estáis poniendo el blog hecho un cristo).

¿Y en el día a día, qué comen los mexicanos? Una visita a cualquier supermercado puede provocar en ti una crisis de fuerza de voluntad irremediable y un tremendo fallo en Esparta, ya que son verdaderos paraísos del vicio y la perversión. Como los productos que se suelen vender estratégicamente en las grandes superficies españolas en la zona de las cajas, para que la espera se haga más amena o para que los niños no den el coñazo, pero a lo bestia. Si echamos un vistazo a la calle, mismamente en el tramo que comprende mi avenida, he contado unos diez restaurantes que podríamos denominar como de comida chatarra. No puedes dar dos pasos sin encontrar un puestecito donde se preparan suculentas tortas, botanitas, quesadillas, carnitas y demás. Por otra parte, vivir con una familia mexicana media me ha ayudado también a hacerme una idea aproximada de qué y cómo comen, y a la luz de los datos, parece que es la tónica dominante.

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México es el país en el que la tasa de obesidad es más alta del mundo. Siete de cada diez mexicanos padece sobrepeso y el 30% obesidad. Yo pensaba que era EEUU el país que ocupaba este honrosa pole, sobre todo porque asocio obesidad con opulencia. Pero aquí estamos hablando de que de una población total de unos 120 millones de habitantes, casi el 60% vive por debajo del umbral de la pobreza, y también relaciono pobreza con desnutrición.

¿Causas? ¿origen? ¿beneficiarios?

Dicen los expertos que en México se ha ido construyendo un ambiente obesigénico en los últimos treinta años a causa de los cambios económicos que provocaron a su vez cambios sociales, culturales y de estilo de vida en el seno de la sociedad mexicana. A esto habría que añadir lo que diferentes estudios desarrollados en la UNAM han apuntado recientemente: la población mexicana (varias etnias indígenas) es portadora de un gen que los hace propensos a padecer sobrepeso y obesidad. Lo que antes era una ventaja (mayor resistencia ante épocas de ayuno prolongado) ahora, en ese entorno obesigénico, se ha convertido en un problema de salud pública. El principal, de hecho, junto con las enfermedades infecciosas y la desnutrición. Siendo esta última un problema coadyuvante pare el desarrollo de la obesidad. (Jodo lo que he dicho).

Tú dile a una madre que se pasa el día pidiendo o vendiendo chicles en el metro, con tres hijos pequeñitos colgados del brazo, que no les dé comida chatarra. Que les de leche o fruta, cuando son productos bastante más caros.

Imagen 8

Se trata de un proceso que empezó a manifestarse paulatinamente a finales de los años setenta, como consecuencia de la desintegración de las estructuras productivas tradicionales, principalmente en la agricultura. La nueva política para el campo (qué neoliberalismo ni qué neoliberalismo), que priorizó la economía para el libre mercado centrándose en la agricultura de exportación dejó prácticamente sin beneficios a la gran mayoría de la población rural. Resultado: el campo mexicano dejó de producir para comer, para hacerlo para vender. El frijol, el maíz o la leche son ahora más caros que los productos procesados o comida chatarra porque el gobierno dejó de apostar por la agricultura de consumo interno. Paralelamente, entre 1988 y el 1998 el salario mínimo en México sufrió una pérdida adquisitiva del 53% y la población desocupada pasó del 5 al 14%. Y claro, cómo no, se triplicó la población con salarios mayores a 5 veces el salario mínimo. Vivimos en un jodido día de la marmota constante. Las familias de escasos recursos económicos comenzaron a consumir este tipo de alimentos extendiéndose estos hábitos alimenticios entre mexicanos de zonas rurales y de zonas urbanas por igual.

Lo que empezó en los años setenta fue coronado por el Tratado de Libre Comercio para América del Norte en 1994 (qué hijoputas terroristas los zapatistas, mira que levantarse en armas por esto, si no era pa tanto joder). Éste impulsó la llamada macdonalización de las formas de vida de los mexicanos, contribuyendo a la transformación demográfica, nutricional y epidemiológica. A partir de ese momento, México se convirtió en el tercer mercado de exportación de alimentos para EEUU, provocando el desabastecimiento del mercado nacional. ¿Habéis oído alguna vez que la India es el máximo productor de arroz del mundo y que también ocupa el primer lugar mundial en importación de ese mismo producto? Pues con lo que os cuento más o menos lo mismo. La producción de arroz y maíz, antes básicos en la dieta mexicana, bajó drásticamente, y consecuentemente subieron los precios de estos alimentos. Se habla de un 30% de descenso en el consumo de frutas y verduras en los últimos 14 años.

TLC: descripción gráfica

TLC: descripción gráfica

¿Quién saca beneficio económico de este enorme mercado alimentario? Entre 1988 y 1997 la inversión de EEUU en la industria de alimentos en México se incrementó 25 veces. Barato, barato y rápido, rápido. Está to pensao.

Todo eso en cuanto a la comida. ¿Y la bebida? El tradicional y exquisito jugo de fruta del cual he dado cuenta en varias ocasiones, ha sido sustituido por un consumo desmedido, realmente exagerado, de refrescos azucarados. Un dato: un litro de coca-cola es más barato que un litro de leche. 13 pesos de la bebida del demonio frente a los 15 promedio que cuesta un litro de leche. Otro dato: en México DF el agua del grifo no es apta para consumo humano. Así que si en la capital, que es una isla de “modernidad” dentro del país no hay agua potable, os podéis imaginar cómo está la cosa en el resto de la república. Un litro de agua embotellada cuesta 180 veces más que un litro de agua corriente. ¿Quién posee los derechos de explotación de la mayoría de los acuíferos y el monopolio del embotellamiento del agua? Bingo: Coca-cola. Hoy he hecho trabajo de investigación en el súper para escribir esta entrada, y he comprobado de primera mano que si no es Coca-cola, es Danone, Pepsi o Nestle, esas marcas que por otra parte suelen ser patrocinadoras de campañas navideñas de Unicef. Por supuesto esto no tiene nada que ver con que Vicente Fox, quien llegó a la presidencia del país en el año 2000 hubiese sido director general de Coca-cola en México hasta finales de los años setenta.

Osea, que en la creación de este ambiente obesigénico han influido varios factores que poco a poco y desde hace cuarenta años han ido convertiendo a México en el país con más obesos del mundo. Como en otros muchos países, se han producido cambios económicos que han forzado alteraciones en el estilo de vida y con ellos problemas de salud pública. Jornadas laborales de sol a sol por sueldos de miseria. Mercado laboral esclavo que no deja tiempo ni ganas para comer saludablemente.

La publicidad es otra importante variable en el proceso de macdonalización de la dieta mexicana de la que os escribo. A pesar de estar expresamente prohibido por la ONU, ésta somete a los niños a 12.700 anuncios de comida basura anualmente. Sus mensajes, los mismos que podemos ver en España, pero mucho más agresivos. Consumiéndolos serán mejores, más altos (jajaja) y más fuertes, además de ofrecerles regalos. Resultado: más de 70% de niños tiene sobrepeso y el 37% es obeso.

Aquí un ejemplo. (No hay publicidad en el mundo más dañina que la de Coca-cola).

Y aquí su contrapublicidad. Algo es algo.

¿Qué soluciones se están dando? Pues pocas, pues no se atiende a la raíz del problema y se ha optado por una política de parches. El 31 de octubre de este año se aprobó una ley por la cual se subirán los impuestos a las bebidas refrescantes. Las exigencias de las organizaciones civiles y de la propia ONU para paliar el problema son las mismas desde hace años y van en dos direcciones: prohibir la publicidad dirigida a menores de refrescos y comida chatarra y elevar los impuestos a la industria. Pero las compañías del sector y su íntima amiga doble moral (apoyan programas nutricionales desarrollados por ONGs), han logrado esquivar las medidas comprometiéndose a la autorregulación y argumentando que el problema no son los refrescos o ciertas comidas sino los hábitos de nutrición. Qué cachondos.

¡¡¡VIVA EL MAL, VIVA EL CAPITAL!!!

Bonus track 1: en el link de más abajo (del cual he extraído algunas de las fotos que ilustran esta entrada) encontraréis información de lo más curiosa sobre el modus operandi de la marca de refrescos más importante del mundo en el estado de Chiapas desde los años setenta, uno de los lugares del país donde más problemas de desnutrición y obesidad existen. No dejéis de consultarlo, porque no tiene desperdicio. Un adelanto: en este lugar, la coca-cola es más accesible que el agua (a la que por cierto esta empresa tiene acceso a menor precio en una zona donde literalmente hay tortas entre comunidades por este recurso); se ha convertido en moneda de cambio, llegando incluso a  entregarse como prenda en las dotes de boda; o la marca ha tenido la deferencia de rotular carteles en el idioma indígena de estos pueblos: http://periodismohumano.com/sociedad/salud/la-coca-colizacion-de-mexico-la-chispa-de-la-obesidad.html

Bonus track 2: mientras escribo estas líneas mi mexican family acaba de pedirse una pizza del Domino’s con el refresco en oferta 2×1.

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